La primera ministra de Finlandia y su familia gastan unos 850 euros al mes de los fondos públicos en desayunos. Con esa sola noticia, se desató una indignación y el escándalo que atraviesa a la sociedad finlandesa. Todo comenzó con el diario local Iltalehti, que publicó una investigación en la que develó, en principio, que Sanna Marin y su familia usaban 300 euros de los fondos públicos para desayunos y «comidas frías». Aunque el monto no era correcto, lo curioso es que, en teoría, está permitido utilizar el dinero público para gastos en la residencia oficial de Kesäranta. Este «privilegio», sin embargo, no es normal entre las autoridades de Finlandia. De hecho, de todos los primeros ministros anteriores, solo Paavo Lipponen (primer ministro de 1995 a 2003) Mari Kiviniemi (2010 a 2011) y Jyrki Katainen (2011 a 2014) habían hecho uso del dinero público para comprar comida. Según el medio Iltalehti, la familia de Marin utilizó el servicio más que cualquier otro residente anterior en Kesäranta. Días después, el medio que desató el escándalo aumentó la apuesta y aseguró que el monto sustraído cada mes de los fondos públicos era de 850 euros, y que aun podía ser más. La opinión pública estaba enardecida. Para tomar dimensión de la corrección política nórdica, basta con mirar a los casos de corrupción que afectaron a Brasil y Argentina: Odebrecht admitió pagar sobornos por 35 millones de dólares, lo que equivaldría a más de 1.010.509 desayunos de la familia Marin. ¿En dónde radica la polémica? La Oficina del Primer Ministro cita el artículo 6 de la Ley sobre pagos y subsidios de los ministros como base para justificar la compra de alimentos con dinero público. La sección dice: «El primer ministro recibe una vivienda en un edificio de propiedad estatal y el Estado es responsable de los costos incurridos debido a su mantenimiento, calefacción, iluminación y mobiliario, además del personal necesario». La ley no menciona las disposiciones alimentarias. Sin embargo, la oficina también podría referirse a la sección 7, que establece: «Con base en una decisión de la Oficina del Primer Ministro, se reembolsa al ministro los costos adicionales razonables asociados con las responsabilidades ministeriales». Ahí, quizás, podrían entrar los polémicos desayunos. El escándalo no apunta a la primera ministra Sanna Marin que, de hecho, ya anunció que pagará por su propia comida hasta que todo se esclarezca y dejó las puertas abiertas a cualquier investigación. El enojo va contra la posible mala conducta de los empleados de la Oficina del Primer Ministro. Es que los gastos específicos de la primera ministra no se especificaron para proteger a la familia y mantener su intimidad, por lo que las sospechas apuntan a que quienes se ocupan de la compra podrían haber aprovechado esa privacidad para obtener un beneficio propio. Marin dijo que creía estar siguiendo las normas tal como se le explicaron cuando asumió el cargo en 2019. “No tenía ni idea de que hubiera ninguna falta de claridad sobre la asignación para el desayuno”, dijo a la emisora nacional YLE a primera hora del lunes. Señaló que muchos primeros ministros anteriores también habían hecho uso de ella, pero aseguró que las normas serían revisadas y, si fuera necesario, actualizadas. El viernes, la policía de Helsinki dijo que había decidido examinar el caso para ver si se había producido alguna infracción. Un comunicado del gobierno a última hora del lunes informó que entre enero de 2020 y mayo de 2021 la primera ministra gastó en alimentación en su residencia oficial 14.363,20 euros, es decir, unos 845 euros al mes. Como casi ningún primer ministro lo había hecho, muchos finlandeses lo consideraron un abuso. Aunque algunos extremistas pidieron su dimisión, la primera ministra todavía cuenta con la confianza de una gran parte del electorado y fue defendida en los medios por el exprimer ministro Antti Rinne, que salió en su defensa y consideró que el debate en curso era injusto. Este tipo de casos aparecen con regularidad y son muy reveladores del sentido de transparencia y ejemplaridad que caracteriza a los países nórdicos. En Finlandia no bromean con esta cosas, ni siquiera los desayunos que tomas en tu lugar de trabajo. Sanna Marin ya ha anunciado que a partir de ahora pagará todas sus comidas, pero eso no impide que se inicie una investigación preliminar.
Fuente: BAE Negocios