Los «muros de la paz» de Belfast han sido escenario de los mayores enfrentamientos entre unionistas y republicanos de los últimos años, con 55 policías heridos en los disturbios que duran ya una semana. La situación alcanzó el clímax en la noche del miércoles, cuando un grupo de enmascarados secuestró un autobús sin viajeros y lo lanzó envuelto en llamas por la emblemática Shankill Road, en una incendiaria secuela del conflicto del Ulster. La noche de fuego acabó con el lanzamiento de cócteles Molotov en el cruce de Lanark Way y la agresión contra un fotógrafo de ‘The Belfast Telegraph’. La capital de Irlanda del Norte vivió la noche más intensa de enfrentamientos en las calles, tras las protestas iniciadas por la decisión de la fiscalía de no actuar contra los 1.500 asistentes al funeral del ex miembro del IRA Bobby Storey, en violación de las restricciones de la pandemia. «La escala de la violencia que estamos viendo no se había producido en Belfast en muchos años», admitió el subcomisario jefe Jonathan Roberts. «Todo apunta a que ha habido organizaciones paramilitares en la planificación de los disturbios». Varios grupos unionistas vinculados a las milicias paramilitares anunciaron de hecho su «renuncia» al apoyo del Acuerdo de Paz en Irlanda del Norte a principios de marzo y en una carta dirigida al «premier» Boris Johnson. El así llamado «Consejo de Comunidades Lealistas» (LCC) representa a milicias aún activas como el Ulster Voluntary Force (UVF), Ulster Defense Association (UDA) o Red Hand Commando (RHC), que han encontrado un nuevo enemigo en el Protocolo de Irlanda contenido en el acuerdo del Brexit. El malestar creado desde enero, con la implantación de controles aduaneros entre Irlanda del Norte y el resto del Reino Unido por el Brexit, ha contribuido también a una escalada de la tensión y ha sacado a la calle a los grupos paramilitares unionistas. El «premier» Boris Johnson y el «taoiseach» irlandés Micheál Martin pidieron al unísono «el fin de la violencia» e hicieron una llamada conjunta al «diálogo». La ministra principal Arlene Foster, criticada por haber alimentado la ira unionista con su oposición al Protocolo de Irlanda y con las críticas a la policía por su doble rasero, hizo finalmente un llamamiento a la población y convocó una reunión de urgencia de su gabinete y de la Asamblea de Stormont este jueves. «No hay justificación para la violencia», escribió en twitter Foster, líder del Partido Democrático Unionista (DUP). «Lo que estamos viendo no representa al unionismo. Estas protestas son una humillación para Irlanda de Norte y solo sirven para desviar la atención sobre los auténticos violadores de la ley de Sinn Fein». «La violencia, los ataques a la policía y la manipulación de los jóvenes deben parar», proclamó la líder local de Sinn Fein y viceministra principal Michelle ONeill. Los acuerdos de paz del Viernes Santo obligan a unionistas y republicanos a formar gobiernos de unidad, pero las tensiones entre las dos líderes han ido a más desde que la propia ONeill decidió sumarse al controvertido funeral por el ex militante del IRA. La chispa que provocó las protestas fue precisamente la decisión de la fiscalía de no emprender acciones legales contra los 24 miembros de Sinn Fein que asistieron al multitudinario funeral de Bobby Storey, que congregó a 1.500 personas el 30 de junio del 2020 en pleno confinamiento. Los disturbios arrancaron hace una semana en Belfast y en Derry y se propagaron por localidades como Newtownabbey y Carrickfergus. La policía actuó como muro de contención entre las facciones unionistas y republicanas, y más de 40 agentes tuvieron que ser asistidos por heridas de diversa consideración durante el fin de semana. En contraste, solo hubo una decena de detenidos (entre ellos, un menor de 13 años). El comisario-jefe de la policía de Irlanda del Norte, Simon Byrne, se ha convertido también en blanco de las críticas por la incapacidad para contener los disturbios. La ministra principal Arlene Foster se había negado a hablar con él hasta el jueves, cuando compareció ante los representantes de todos los partidos políticos en el pleno de urgencia de la Asamblea de Stormont. «Creíamos que esas escenas habían quedado confinadas a la historia; es necesaria la calma en los dos lados antes de se produzca una tragedia», podía leerse en la cuenta de twitter de la Federación de Policía local, en referencia a las imágenes del autobús incendiado (el conductor logró escapar a tiempo) y de los enfrentamientos entre las dos facciones a pedradas y con cócteles Molotov. «Estoy profundamente preocupado por las escenas de violencia en Irlanda del Norte, especialmente por los ataques a la policía, a un conductor de autobús y a un periodista», declaró Boris Johnnson. «La manera de resolver las diferencias es a través del diálogo, y no a través de la violencia y la delincuencia». Johnson envió a Belfast a su ministro para Irlanda del Norte Brandon Lewis, que se reunió con Arlene Foster y Michelle ONeill este jueves por la tarde. El primer ministro irlandés Micheál Martin hizo una llamada desde Dublín a «la calma y el entendimiento» entre las fuerzas políticas del norte.
Fuente: El Mundo