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Murió a los 93 años el genocida Miguel Etchecolatz

Miguel Osvaldo Etchecolatz, el represor que durante la última dictadura militar ordenó la tortura y muerte en 21 centros clandestinos que funcionaron en la provincia de Buenos Aires, murió este sábado a los 93 años, condenado nueve veces a cadena perpetua por crímenes de lesa humanidad, y su figura será recordada en la historia argentina por ser uno de los principales responsables y ejecutores del período más oscuro del país. No obstante, no llegó a ser condenado por lo ocurrido con unas 500 víctimas por las que aún era juzgado en sendos juicios en La Plata y sin revelar el destino de la nieta apropiada Clara Anahí Mariani, a quien retiró en sus brazos tras acribillar a balazos a su madre, ni el del albañil y militante Jorge Julio López, cuyo testimonio fue clave para que Etchecolatz recibiera, por primera vez en la historia judicial argentina, una condena por genocida. Etchecolatz, quien falleció a las 5.30 de este sábado en la Clínica Sarmiento de la localidad bonaerense de San Miguel, donde se encontraba internado con custodia policial, partió sin arrepentirse de sus crímenes ni pedir perdón a sus víctimas; por el contrario, siempre justificó su accionar ante los tribunales federales que lo juzgaban y cuya competencia rechazaba. Etchecolatz tuvo a su cargo 21 campos clandestinos de detención que funcionaron en la provincia de Buenos Aires, donde ordenó la tortura y muerte de miles de hombres y mujeres alojados allí, como lo determinaron las nueve condenas a cadena perpetua que recibió; la última en mayo de este año. Fue el responsable de la desaparición de estudiantes secundarios de La Plata, en el hecho que se conoció como La Noche de los Lápices, y fue quien conocía qué pasó con Clara Anahí Mariani, apropiada a los tres meses de vida tras asesinar a su madre Diana Teruggi en un operativo de fuerzas conjuntas en la casa de la niña, en la ciudad de La Plata, el 24 de noviembre de 1976. Por varios testimonios se pudo saber que, tras la intensa balacera contra la casa -que incluyó un obús que destruyó parte del frente-, un policía retiró a la beba de la vivienda y la entregó a Etchecolatz, que aguardaba en un vehículo y se la llevó, sin decir nunca a quien la entregó. En 1986, Etchecolatz fue sentenciado a 23 años de cárcel como responsable de haber ejecutado 91 tormentos pero la Corte Suprema de Justicia anuló la sentencia por aplicación de la Ley de Obediencia Debida. En el 2001 se lo detuvo por el robo de una beba hija de desaparecidos, Carmen Sanz, nacida en el Pozo de Banfield, y fue condenado a 7 años de prisión y por su estado de salud, se le aplicó el beneficio del arresto domiciliario que le fue revocado en junio de 2006, al constatarse que poseía un arma de fuego en su domicilio. En el 2004, en el marco del juicio que se siguió al médico de la policía Jorge Bergés, Etchecolatz fue condenado a 7 años de prisión, sentencia que fue recurrida, reduciéndose a 3 años. En el 2006 comenzó a ser juzgado por el Tribunal Oral Federal 1 de La Plata, donde se oyó uno de los testimonios más conmovedores y precisos sobre el accionar de Etchecolatz en los centros clandestinos a su cargo: fue el que brindó el albañil Jorge Julio López. El albañil, que desapareció en el marco de ese juicio el 18 de septiembre de 2006, cuando salió de su casa para ir a escuchar los alegatos del juicio, no dudó en afirmar al declarar que Etchecolatz «era un asesino serial, no tenía compasión». El 19 de septiembre de 2006 fue condenado a reclusión perpetua por «delitos de lesa humanidad cometidos en el marco de un genocidio», imputación que se aplicó por primera vez en el país. En el 2011 fue condenado por el accionar represivo y el genocidio aplicado en lo que se denominó Circuito Camps. En el 2013, el Tribunal Oral Federal 1 de La Plata unificó estas tres condenas por delitos de lesa humanidad que recibió Miguel Etchecolatz en una única de prisión perpetua e inhabilitación absoluta perpetua. Mientras se leía la sentencia, Etchecolatz tenía en sus manos un papel donde se leía el nombre de Jorge Julio López, una imagen que resultó escalofriante a más de dos décadas de retornada la democracia y en el marco del avance de los juicios de lesa humanidad. En marzo de 2016, el Tribunal Oral Federal 1 de La Plata condenó a Etchecolatz a 25 años de prisión por el secuestro y desaparición en junio de 1977 de los militantes universitarios Daniel Favero y María Paula Álvarez, aunque le fijó una pena única de prisión perpetua debido a las sentencias anteriores que ya existen en su contra. A pesar de tener tantas condenas por genocida, Ertchecolatz seguía siendo policía de la provincia de Buenos Aires y recién en agosto de 2017 fue exonerado de la fuerza policial provincial. Cuando le fue notificada su exoneración, Etchecolatz firmó y debajo escribió «prisionero de guerra». En octubre de 2018 fue condenado a perpetua por los delitos cometidos en los centros clandestinos de detención que funcionaron en la División Cuatrerismo de la Brigada Güemes, en La Matanza, y en la Comisaría 1° de Monte Grande, de Esteban Echeverría. En el 2020 sumó otra condena a perpetua por los secuestros, torturas y muertes a detenidos alojados en la Brigada San Justo y finalmente, en mayo de este año se lo condenó a perpetua por los secuestros y torturas de siete personas en el excentro clandestino de Pozo Arana, entre ellas el albañil Jorge Julio López, y los asesinatos de cuatro de esas víctimas, entre las cuales está Francisco López Muntaner, uno de los estudiantes secuestrados en el episodio conocido como La Noche de los Lápices. Murió un hombre que fue símbolo de la dictadura, de la saña y el terror sembrados en aquellos años y del silencio que mantuvo hasta el final en una perversa actualización de la tortura que supo aplicar a miles de víctimas y que seguía infligiendo a los familiares de éstas al negarles saber dónde están enterrados o con quien están viviendo los bebes apropiados.

Fuente: Télam

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María Corina Machado salió de la clandestinidad y se mostró en público por primera vez en Oslo

Tras salir de la clandestinidad en Venezuela, la líder opositora venezolana María Corina Machado reapareció en público en la madrugada del jueves (hora local) en el balcón 

La líder opositora no llegó a tiempo para recibir su Nobel de la Paz en Noruega, pero finalmente huyó de Venezuela, donde era perseguida por el régimen de Maduro

Tras salir de la clandestinidad en Venezuela, la líder opositora venezolana María Corina Machado reapareció en público en la madrugada del jueves (hora local) en el balcón del hotel donde se hospeda en Oslo, adonde llegó horas después de la ceremonia del Premio Nobel de la Paz, galardón que recibió este año.

El Instituto Nobel había confirmado su arribo durante una conferencia improvisada en el hall del Grand Hotel, desde donde la dirigente, de 58 años, salió poco después a saludar a la gente que la aguardaba. Según pudo saber LA NACION, antes de mostrarse públicamente se reunió con su familia.

Machado no aparecía en público desde enero, cuando participó en una protesta en Caracas. Desde agosto de 2024 permanecía en la clandestinidad tras denunciar fraude en las elecciones realizadas un mes antes.

Pasadas las 2.20, salió al balcón mientras sonaba el himno venezolano y la multitud coreaba “libertad”. Visiblemente emocionada, descendió para saludar a los asistentes, trepó las vallas de seguridad y estrechó manos. Recorrió un pasillo delimitado por barreras mientras recibía muestras de afecto. Tras varios minutos, se despidió con un “hasta mañana” y regresó al hotel.

Corina Machado se mostró conmovida por el respaldo de los asistentes
Corina Machado se mostró conmovida por el respaldo de los asistentesLise Åserud – NTB Scanpix

Entre quienes viajaron a verla estaban periodistas y figuras políticas venezolanas en el exilio como Leopoldo LópezLilian Tintori y Antonio Ledezma.

Corina Machado trepó las vallas para saludar a los asistentes
Corina Machado trepó las vallas para saludar a los asistentes

Casi a las 3, volvió al hotel acompañada por su madre, Corina Parisca, llevando rosarios, estampitas de santos y banderas con mensajes de apoyo entregados por sus seguidores, que aguardaron para verla replicar el tradicional saludo desde el balcón del Grand Hotel.

Desde Argentina, la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, la felicitó por redes: “Una historia de lucha, coraje y perseverancia que hoy se vuelve símbolo”.

Durante la noche del miércoles, la hija de referente de la oposición, Ana Corina Sosa Machado, salió al balcón de la suite que aguardaba a su madre mientras seguidores clamaban por la presencia de la Nobel y gritaban “libertad”, en medio de una fuerte incertidumbre sobre el paradero de Machado.

El hotel en el que se hospeda Corina Machado
El hotel en el que se hospeda Corina Machado

En diálogo con la periodista venezolana Carla Angola, Ana Corina afirmó que su madre llegaría a la capital noruega después de la medianoche del jueves (20 en la Argentina) y les pidió a sus compatriotas que se encontraban en Oslo que se acercaran para recibirla.

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