El candidato reformista Masoud Pezeshkian ganó el sábado la segunda vuelta de las elecciones presidenciales iraníes, derrotando al candidato Saeed Jalili, que prometió acercarse a Occidente y suavizar la aplicación de la ley del velo obligatorio, tras años de sanciones y protestas que presionaron a la República Islámica.
En su campaña, Pezeshkian no prometió cambios radicales en la teocracia chií de Irán y considera desde hace tiempo que el Líder Supremo, el ayatolá Alí Jamenei, es el árbitro final de todos y cada uno de los asuntos de Estado del país.
Pero incluso los modestos objetivos de Pezeshkian se verán amenazados por un Gobierno iraní todavía dominado mayoritariamente por la línea dura, la guerra entre Israel y Hamás en la Franja de Gaza y los temores occidentales de que Teherán esté enriqueciendo uranio hasta niveles cercanos a la pureza para la producción de armas nucleares.
Los partidarios de Pezeshkian, cardiocirujano y legislador desde hace muchos años, se echaron a las calles de Teherán y otras ciudades antes del amanecer para celebrar su ventaja sobre Jalili, antiguo negociador nuclear. «Querido pueblo de Irán, las elecciones han terminado y esto es sólo el principio de nuestra cooperación», escribió Pezeshkian en la plataforma social X, que sigue prohibida en Irán.
La victoria de Pezeshkian representa, no obstante, un momento delicado para Irán, con las tensiones en Oriente Próximo debido a la guerra entre Israel y Hamás, el avance del programa nuclear iraní y las inminentes elecciones en Estados Unidos, que podrían poner en peligro cualquier posibilidad de distensión entre Teherán y Washington.
Esta victoria tampoco supuso una derrota para Jalili, lo que significa que tendrá que desenvolverse con cuidado en la política interna de Irán, ya que el médico nunca ha ocupado un puesto sensible de alto nivel en el ámbito de la seguridad, a diferencia de Jalili.
La primera vuelta electoral del 28 de junio registró la participación más baja de la historia de Irán desde la Revolución Islámica de 1979. Las autoridades iraníes llevan tiempo señalando la participación como un signo de apoyo a la teocracia chií del país, sometida a presión tras años de sanciones que han aplastado la economía iraní, manifestaciones masivas e intensa represión contra todos los disidentes.
Funcionarios del Gobierno, hasta el líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, predijeron una mayor participación al iniciarse la votación, y la televisión estatal emitió imágenes de modestas colas en algunos centros de votación de todo el país.
Según las autoridades, la participación en las elecciones del viernes fue del 49,6%, una cifra históricamente baja para unas elecciones presidenciales iraníes. Hubo 607.575 votos nulos, que suelen ser una señal de protesta de quienes se sienten obligados a votar pero rechazan a ambos candidatos.
Pezeshkian, que habla azerí, farsi y kurdo, ha hecho campaña para llegar a los diversos grupos étnicos de Irán. Es el primer presidente iraní procedente de la parte occidental de Irán en décadas, algo que la gente espera que ayude al país, ya que los occidentales se consideran más tolerantes debido a la diversidad étnica y religiosa de su región.
Fuente: Euronews en Español