28 años y un día exactamente después del tratado de paz entre Israel y Jordania, el convulso Oriente Próximo registra un nuevo acuerdo con gran valor estratégico, aunque no sea tan histórico ni venga envuelto en una ceremonia festiva como en 1994. Israelíes y libaneses no han firmado la paz, pero sí la delimitación de su frontera marítima que más allá de solventar viejas disputas, regula la exploración de gas en los yacimientos en la conflictiva zona y aleja la posibilidad de una escalada entre el grupo libanés Hizbulá e Israel.
Horas después de la aprobación del acuerdo en Jerusalén y Beirut, los representantes israelíes y libaneses viajaron a la base de la Fuerza Provisional de Naciones Unidas en Líbano (FINUL) en la localidad fronteriza de Naqoura para entregar los documentos firmados al padrino del pacto, el mediador estadounidense Amos Hochstein. En el acto este jueves que, como pidió Líbano, se celebró sin la presencia de medios de comunicación y sin un apretón de manos, las delegaciones lideradas por el director general del ministerio de Energía de Israel, Lior Shilat y el director general de la Presidencia del Líbano, Antoine Choucair, sellaron más de una década de negociaciones indirectas con numerosos altibajos sobre las líneas fronterizas en el Mediterráneo.
«Felicidades, tenemos frontera marítima», proclamó Hochstein tras firmar el documento ante los aplausos de israelíes y libaneses que durante una hora se mantuvieron separados y sin ningún contacto directo en la carpa de la base. La ausencia de dirigentes y cámaras, a petición expresa libanesa, refleja que el acuerdo se queda en el mar y no llega a tierra donde los dos países siguen en guerra técnica. Las coordenadas pactadas, ya en manos de la ONU, entran en vigor de forma inmediata siendo bendecido por el presidente estadounidense Joe Biden: «Este acuerdo histórico promueve los intereses de ambos países y la región. Este momento marca un nuevo capítulo de prosperidad y esperanza».
El yacimiento de Qana, que tiene una parte situada en aguas disputadas, queda bajo control exclusivo del Líbano. A cambio, Israel recibirá de TotalEnergies el 17% de los ingresos por el gas que por el momento es solo potencial. Si se halla este material (especialmente valioso tras la guerra en Ucrania y la dependencia energética rusa), la empresa francesa efectuará el primer pago a Israel en un plazo de 3 a 6 años. En la víspera de la firma, Energean empezó a bombear gas del yacimiento de Karish que podría tener unos 75 millones de metros cúbicos. Se trata del tercer yacimiento del Mediterráneo conectado al poderoso sistema gasístico israelí tras Tamar (300BCM) y Leviatan (más de 600 BCM).
En la reunión del Gobierno convocada este jueves para aprobar el acuerdo, el primer ministro israelí Yair Lapid señaló que «es un logro diplomático, económico y de seguridad». No todos los días un país enemigo reconoce el Estado de Israel en un acuerdo escrito ante la comunidad internacional. Como certificado de garantías ante los suyos y con las elecciones a la vuelta de la esquina, alegó: «el raro consenso de todos los órganos de seguridad sobre la gran importancia del acuerdo y su contribución a la seguridad de Israel y nuestras necesidades operativas».
Las autoridades libanesas destacan tanto el cumplimiento de todas sus demandas en referencia, sobre todo, a los 860 kilómetros cuadrados en las aguas económicas en disputa con Israel como el hecho que no supone el reconocimiento de Israel. Tras la firma del presidente Michel Aoun, el negociador y vicepresidente del Parlamento libanés, Elias Bou-Saab, señaló que se abre «una nueva era». «Se podría llamar los Acuerdos de Hochstein», elogió al emisario que centralizó la negociación con numerosos viajes a Beirut y Jerusalén.
«Lo más importante de este acuerdo es que es del interés completo de las partes no violarlo y seguir avanzando. Si alguien lo viola, las dos partes saldrán perdiendo», avisó Hochstein reiterando que beneficia a los dos países. «Es una gran victoria para Líbano y la resistencia», proclamó el jefe de Hizbulá, Hassan Nasralá, presumiendo que las negociaciones fueron indirectas. Nasralá destacó que el Gobierno libanés no tomó ningún paso «que incluso oliera a normalización» de Israel y recordó con una insinuación que en julio lanzó una advertencia con el lanzamiento de tres drones a Karish -neutralizados- para que su enemigo no explorara gas antes del acuerdo.
La firma llega en un momento crítico en ambos países. Mientras los israelíes acuden a las urnas el próximo martes por quinta vez desde 2019, el Líbano se encuentra hundido en un profundo pozo económico que puede ir acompañado de un vacío presidencial dado que el mandato de Aoun expira el 31 de octubre. La dividida clase política en Beirut no se pone de acuerdo en un candidato de consenso. De ahí la urgencia de los actores en la negociación (Líbano, Israel, EEUU, Francia y las empresas de exploración de gas) para llegar a un acuerdo antes de que Aoun deje el cargo con su mayor logro en seis años.
Fuente: El Mundo