Tres años después de permanecer 18 meses en un calabozo en la cárcel de Curitiba, el veterano líder de la izquierda brasileña Luiz Inacio Lula da Silva ya es presidente de Brasil por tercera vez. “Es el triunfo de la democracia” frente a las “amenazas violentas” y las “manipulaciones” utilizadas en la campaña del rival, el presidente ultraconservador Jair Bolsonaro, dijo Lula. “Si estamos aquí hoy es gracias a la conciencia política de la sociedad brasileña y el frente democrático que construimos”, añadió. Anunció un periodo de “esperanza y construcción” tras la “devastación” de los cuatro años de gobierno de Bolsonaro.
Lula rechazó “medidas de revancha”, pero advirtió que la ley se aplicará contra el movimiento golpista del bolsonarismo que se ha lanzado a las calles repetidamente en las últimas semanas en protesta por lo que consideran –sin fundamento alguno– un resultado fraudulento. Alrededor de 58 millones de brasileños votaron a Bolsonaro en octubre cuando Lula se impuso a su rival ultraconservador por un margen del 51% al 49%.
Unos 300.000 seguidores del presidente participaron en la fiesta democrática celebrada el domingo en la Explanada y la plaza de los Tres Poderes delante de las futuristas –pero anticuadas– sedes del Senado y la Cámara del Congreso en Brasilia. Lula y Alckmin acudieron a la primera ceremonia ayer por la tarde en la catedral modernista –otro edificio de Oscar Niemeyer– para luego dirigirse en el oficial Rolls Royce descapotable vintage hacia al palacio presidencial –el Planalto– para la investidura oficial.
Nacido en la pobreza más absoluta del nordeste brasileño en 1945, Lula asume la presidencia a los 77 años y por un mandato de cuatro años con la opción de presentarse luego a la reelección. Han transcurrido exactamente 20 años desde que Lula accediera a la presidencia brasileña por primera vez. Ayer, el ambiente fue pacífico en las calles de Brasilia y no se produjeron los actos de desestabilización que algunos temían. Unos 10.000 policías federales y militares y soldados vigilaban las ceremonias.
Diecisiete presidentes y jefes de gobierno, junto a cinco vicepresidentes, participaron en la toma de posesión de Lula y su vicepresidente, el centrista Gerardo Alckmin. El rey Felipe VI representó a España en la ceremonia. Lula pretende volver a impulsar iniciativas regionales latinoamericanas en política exterior aprovechando la recuperación del poder de la izquierda en Latinoamérica, desde el Cono Sur hasta el Río Bravo. Conocido por sus dotes diplomáticas, pretende coordinar un movimiento de no alineamiento para contrarrestar las peligrosas divergencias geopolíticas entre Occidente, Rusia y China.
Fuente: La Vanguardia (España)