La estadounidense Serena Williams se despidió este viernes del Abierto de Estados Unidos, en el que puede ser el partido que pone el punto final a su carrera, pero, si así fuese, lo hizo ofreciendo una última lección de carácter y compromiso, batallando durante más de tres horas contra la australiana Ajla Tomljanovic. Williams, de 40 años, anuló cinco bolas de partido antes de rendirse ante Tomljanovic en la tercera ronda y lo hizo en un pista Arthur Ashe repleta de espectadores, que tras empujarle en cada punto, le despidió por todo lo alto. La leyenda estadounidense aseguró en una reciente entrevista que está preparada para dejar el tenis y sugirió que esto pasaría después de este Abierto de Estados Unidos. «No creo, pero nunca se sabe. No lo sé», afirmó Serena Williams en su emotiva entrevista a pie de campo, tras perder por 7-5, 6-7(4) y 6-1 ante la australiana Ajla Tomljanovic. Minutos después, en rueda de prensa, mantuvo abierta una pequeña posibilidad de que se replantee su decisión. «No sé, no estoy pensando en eso (si su retirada es definitiva). Siempre me ha encantado Australia», afirmó sonriendo. Su último partido ha provocado una lluvia de muestras de agradecimiento por su legado dentro y fuera de la pista, con la exprimera dama Michelle Obama, la extenista Billie Jean King, la futbolista Alex Morgan o el golfista Tiger Woods que publicaron sentidos mensajes en sus redes sociales. Serena que deja la competición con los 23 Grand Slams que sobresalen en los 73 títulos conseguidos en el circuito.
Cuando irrumpió definitivamente en la élite acaparó el reinado por el que pujaban la suiza Martina Hingis primero, su hermana Venus o su compatriota Jennifer Capriati en los últimos años ya de Graff, a un paso de la retirada. Serena empezó a ganar en 1999. Levantó las copas de París, Indian Wells, Los Ángeles, la Copa Grand Slam y también el Abierto de Estados Unidos, su primer gran título. Ya nada la paró. Desde ese triunfo en Nueva York en la final ante Hingis en Flushing Meadows nada pudo parar a Serena. Siempre ganó algo desde entonces hasta el 2017, excepto en el 2006, su única temporada en blanco. Aquel curso solo jugó cuatro torneos lastrada por una lesión en la rodilla. Cuatro años antes, en el 2002 había firmado su explosión definitiva. Ese año ganó tres de los cuatro Grand Slam: Roland Garros, Wimbledon y Abierto de Estados Unidos. En el 2007 reapareció y venció en Australia, en el Melburne Park. Se sobrepuso y todo siguió. Mantuvo el tipo y el dominio ante la irrupción del tenis belga con Justine Henin y Kim Clijsters, a la fortaleza de la nueva generación rusa liderada por Maria Sharapova, Svetlana Kuznetsova o Anastasia Myskina. A sus compatriotas Venus, Capriati o Davenport. Ella permaneció allí, entre todas ellas, como la mejor. Siete títulos del Abierto de Australia (2003, 2005, 2007, 2009, 2010, 2015, 2017), tres de Roland Garros (2002, 2013, 2015), siete de Wimbledon (2002, 2003, 2009, 2010, 2012, 2015, 2016) y seis Abiertos de Estados Unidos (1999, 2002, 2008, 2012, 2013, 2014). Además, un oro olímpico en Londres 2012, catorce grandes en dobles y tres títulos en los Juegos (Sydney 200, Pekín 2008 y Londres 2012) junto a su hermana Venus.
Fuente: Ovación Digital